Palabras del director

Calderón de la Barca tiene la capacidad de subyugarnos con personajes complejos, profundos y enigmáticos, personajes que crean a su alrededor atmósferas imposibles de entender desde la pobre perspectiva de lo real. Dice el gran estudioso del teatro Francisco Ruiz Ramón, en uno de sus manuales, que “en el teatro clásico español, la vida humana es captada con un máximo de intensidad y un mínimo de profundidad. Sus personajes se agitan en la superficie de la vida humana, y rara vez descienden a sus abismáticas honduras”. Sin ánimo de contradecir al autor, quizá Calderón sea el dramaturgo áureo que más tensiona esta teoría, el que más desciende a las profundidades del ser, y el que más en combate coloca al personaje frente a sus miedos y anhelos más profundos e inconfesables. Siguiendo esta idea nos hemos querido acercar a personajes del mundo Calderoniano que se colocan en el umbral de lo humano, de lo real y de lo natural, es decir cercanos a lo extraordinario, a lo prodigioso y a lo monstruoso. La puesta en escena pretende acercarse a ciertos aspectos del mundo poético de Calderón, principalmente a aquellos que nos permiten fantasear con ideas tan generosamente elocuentes y plásticas como el sueño, la vigilia, la suspensión, la caída, el encierro, la muerte y la divinidad, entre otras. En escena tres actores, un pianista, video escena y espacio sonoro para descodificar un generoso mundo poético en palabras, sonidos e imágenes que comuniquen con el espectador de hoy la tragedia que supone no formar parte de lo cotidiano, de lo ordinario, ni de lo aceptado como normal. Acercarnos a personajes fuera, no solo de la convención social, sino también de la ética. Personajes enfrentados a sí mismos y en conflicto con el resto del mundo, pues los cataloga como monstruos. El ser frente a la diferencia. Este montaje pretende también posicionarnos ante nuestra capacidad real de empatía, tolerancia y escucha hacia todo aquello que nos es, en esencia, ajeno. Pero, por encima de todo, indaga en la responsabilidad que el miedo y la violencia tienen en el origen de la monstruosidad.

–DAVID BOCETA